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El Rio de la costa de Oro - Parte Cuatro

 
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PFDB
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Registrado: 02 Dic 2004
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Zona de Navegación: Rio de la Plata Argentina

MensajePublicado: 10/03/05 04:05    Asunto: El Rio de la costa de Oro - Parte Cuatro Responder citando

El Rio de la costa de Oro - Parte Cuatro (Desde el Brazo de los muertos a la Heladeria en Mercedes)

Pepe Fuera de Borda

Luego del asado en la playita volvimos a los barcos. .
En el Cockpit y en la cucheta he escuchado radio y me he dormido escuchando radio. La mañana siguiente sigo con la radio. AM-FM y ello mientras desayuno. Estamos atentos a los pronósticos pues es tanto el calor que esperamos que en cualquier momento entre un frente frío. Desayuno Fruta y te.
Al rato Enrique y Laura dice que van con el barco a Soriano. Les encargan hielo. Daniel dice que desea aire (realmente estaba el clima pesado) y con los tres barcos que quedamos soltamos nuestro amarre y nos vamos frente a la playita a la que todos los días vamos a nadar, lavar y socializar.

Fondea Daniel con su ancla y José Luis y yo con nuestro barcos quedamos abarloados. El viento aumenta (pero no baja el calor) y los barcos danzan hacia un lado y otro. Alguien que sabe diría bornean. Pero no es así. Danzan sin sentido y siguiendo el juego macabro de corriente y viento.
Así están de un lado del río o del otro. En momentos en el medio y en otro se abrazan a los árboles. Notamos que garrean. Los barcos de acercan a donde estamos y aprovechamos a subir y cada uno se separa. José Luis tira el ancla y la revolea por la borda. Detalle : no ha visto que tenia enroscado el cabo en su pierna por lo que el ancla vuela por el aire y casi José Luis tras ella cuando el cabo pega el tirón. Risas generales que no agradan al capitán.

Yo me paso veinte minutos intentando fondear unas cinco veces hasta que lo que logro me satisface. Me hacen bromas pues de pasar cerca de la isla mi barco luce unas ramas verdes enganchadas en su proa. Vuelvo a la playa.

Regresan Enrique y Laura. Aplausos pues traen el hielo que se ha pedido. Seguimos en la hielo dependencia. Nuestra nave se abastece de frío con una amplia heladera que funciona con 220 – 12 volts y con una garrafa. Esta heladera ha de ser verdaderamente muy útil y sorprendente pues me ha de permitir hacer hasta gelatinas. Francesca esta contenta con las gelatinas y yo mas pues me como la mayor parte. Hasta las hago con frutas naturales y me siento fresco como ellas. Por parte de nuestra nave habremos un solo dia de comprar una bolsita de hielo. No estamos en la hielo dependencia aunque disfrutamos de la frío dependencia pues la heladera nos brinda jugos y agua fría y nos permite disfrutar de queso (me he comprado una horma de tres kilos y medio en Nueva Palmira y conservar la leche una vez abierta tan vital en la dieta de la grumeta Francesca. Enrique tiene una heladera similar a la nuestra y disfruta también. Aunque a el y a Laura les agrada la bebida sumamente fría y por ello su afecto a los hielos en la hielo dependencia.

Decidimos partir en el final de la tarde. Navegamos una hora y media mas o menos y llegamos a Paso de las Cañas adonde fondeamos protegidos por la costa y fuera del canal adonde hay suficiente profundidad. Esa noche sopla fuerte pero nos protege la costa. En la mañana siguiente partimos rumbo a Mercedes.

Disfruto mucho de la navegación pues he logrado un sistema muy descansado y práctico. Una silla de playa la he colocado sobre un asiento del Cockpit y sentado en ella llevo la rueda del timón con mi pie. El barco tiene Cockpit central y timón de rueda También con el mismo pie manejo el acelerador. GPS, equipos de comunicación y los prismáticos al alcance de la mano. Esta posición también me permite recibir a Francesca en mi regazo y ella esta contenta pues le he dicho que es el lugar del Capitán y entonces ella dice que es capitana. Yo me la como a besos y le digo que el capitán puede besar a la capitana. También me da besos. La Almiranta Silvia muy contenta por el amor filial y porque esta situación de Francesca le da descanso. Y vaya si lo necesita.

Silvia declara que necesita descanso por su trabajo. Ella es psicoanalista. Trabaja mucho y dice que necesita varias vacaciones en el año. Aun no he descubierto si esto es así o es así porque le gustan las vacaciones.

Nuestro viaje a Mercedes nos hace atravesar distintos lugares hermosos con playas paradisíacas. En muchas de ellas vemos embarcaciones que disfrutan de su fondeo, agua y arena amarilla.

La navegación es placentera. El río esta boyado muy razonablemente y las boyas corresponden a los WP que tenemos de ellas. Ellos los tomamos del interesante y muy buen trabajo de Daniel Weinger en el Rumbos Náuticos. La ecosonda ayuda a mantener el rumbo correcto y disponer de agua en él. Sufro una pequeña indigestión al “comerme” un par de boyas. A tiempo me avisan y vuelvo a un curso seguro.

José Luis acelera su velero. Desean llegar a Mercedes rápido. Continuamos navegando pausadamente con Enrique. Faltan unos 40 minutos para llegar a Mercedes (son aproximadamente las 14 horas) cuando Laura me dice por radio VHF que por las emisoras de la zona indican que en la ciudad de Mercedes hay 47 grados de temperatura. Y nos proponen quedarnos en una playa que tenemos al través. Aceptamos inmediatamente y fondeamos separadamente almorzando cada uno en su barco y luego los recogemos con nuestro auxiliar (Enrique se quedo sin combustible en su motor) y nos vamos a la playa en la que hacemos baños, caminatas, charlas y tomamos mate nuestra bebida tan tradicional.
En la Playa frente a al arroyo El Pichón encontramos esa “paz de ningún apuro” que da tanto placer. Pese al calor exploro un camino que lleva hacia alguna ruta. Hay huellas de pies y de ruedas de autos lo sigo un rato y luego comienza a tomar el color que solo me falta encontrar el cadáver y el asesino que me persiga. Por lo tanto tuerzo el rumbo y salgo al arroyo mas arriba de donde deje al grupo y por la arena y el agua llego adonde están todos.




Playa junto al arroyo El Pichón adonde soportamos el calor para entrar en Mercedes con horas mas frescas.


Les cuento mi fantasía del asesino. Me miran como si estuviera loco. Al fin miradas que reconocen mi persona realmente. Y son amigos además....
Arribamos a Mercedes cerca de las 19 horas. Fondeamos a la Mediterránea sobre el lateral del muelle del Club de Remeros. José Luis está fondeado por la banda.

Yo he procurado en mi club una carta de presentación y reciprocidad y la presento. A mis compañeros les sugerí hacerlo pero por cuestiones de su club desistieron. Mi carta es aceptada y no debo pagar nada pues me reciben como invitado. Mis compañeros pagan aproximadamente unos seis dólares por día. Es este un club muy agradable y el único lugar adonde se paga. Hay dos amarres mas (Muelle comercial y Muelle 33) y son gratuitos pero no tienen por lo que averiguamos ningún servicio. Aquí contamos con luz, aguas, baños, confitería y restaurante muy bueno, pileta cubierta y el uso de todo ello incluido en el pago. Los porteros y personal de club enseguida nos tenían identificados y todo era solución. Oscar el Capitán del club se presento y se puso a nuestro servicio. Igual su Gerente Leonardo.

A pesar de llegar a las 19 horas el calor se hacia sentir. Nos pegamos unos regios baños en el río en la zona de balneario del club y luego una hermosa ducha caliente y fría en las instalaciones del club. A las diez de la noche salimos a cenar buscando una parrilla.



Arribando al Club de Remeros Mercedes

En nuestro recorrido nos atrajeron los sones de tambores y tamboriles que junto a redoblantes tiraban un sonido contagioso. Localizamos el lugar y se trataba de una murga y comparsa en sus practicas. La seguimos unas cuadras y luego volvimos a retomar nuestra búsqueda del lugar de cena. Hallamos una parrilla en la que nos armaron una mesa en la calle y comimos abundantemente y en buen precio.


El son de los tamboriles uruguayos y sus murgas son muy contagiosos y entusiasman. Los seguimos unas cuantas calles disfrutando de sus sonidos.

Al irnos de la parrilla volvimos al club por el mismo camino y nos encontramos con una plaza en la que yo había visto una heladería con helados en batea y muy buen aspecto.
Yo venia de la experiencia de Nueva Palmira. La habíamos tenido con Jorge en una heladería nueva que había abierto a una cuadra de la Pizzería El Pino.
Le tout Palmira iba a ella y había una larga cola. Cortinas de colores, niñas con delantal, una casa vieja con las paredes todas blanqueadas. En esa heladería fuimos a tomar helado todo el grupo y Jorge y yo fanáticos de los helados nos pedimos como para empezar medio kilo cada uno. A la cuarta cucharita nos miramos y nos dijimos “es frío y es lo mejor que de este helado podemos decir”. Martín fue lapidario “ Es una pasta base con distintos colores”.
Para decirlo con todas las letras de un tomador de helado fanático no era bueno para nada.
Ante esta experiencia encontrarme helados en batea y de buena apariencia era todo un hallazgo. Pedí un cucurucho mientras Francesca que estaba Subida en mis hombros y dormida se despertaba y pedida “sho quiero esto” refiriéndose a un caballito eléctrico desconectado que estaba en un punto del local. Le dije “esta desenchufado así que ahora seguí durmiendo apoyada en mi cabeza” habilidad que la niña dispone y el padre utiliza para llevarla en hombros lo que le resulta mas fácil. Silvia pidió un “sanwich de helado” mientras Francesca seguía diciendo “sho quiero esto” y yo le repetía que el caballito estaba desconectado de la electricidad y que era tarde y estaba por cerrar la heladería y que se durmiera. Obvio que seguía en mis hombros en los que desarrollo su capacidad de ir a caballito y apoyarse en mi coronilla y dormir mientras caminamos.
Recibí antes el sanwich de Silvia y luego mi cucurucho y esperando a los demás emprendimos camino. Al cruzar la calle a unos setenta metros en la esquina y camino al club me cae algo mojado la muñeca. Pienso que es un pajarito nocturno. Veo que es helado. No me explico como me ha caído pero pienso que yo mismo me manche y me lambeteo sosteniendo a Francesca con la otra mano. Avanzo diez pasos y me cae en el brazo nuevamente helado. Y ahora en la frente. Y en la oreja. Pregunto suavemente “Francesca... vos estas comiendo un helado?” Y la respuesta confirma lo que he supuesto “shi estoy comiendo un helado”. Doy media vuelta y cruzo a Silvia que venia treinta metros detrás de mí y ella me confirma que le dio su sándwich de helado a Francesca por lo que sigo camino hasta la heladería y abriendo la puerta pues ya tenían las luces tenues y estaban haciendo su contabilidad de cierre de caja les digo “yo a esta altura de mi vida me como un helado cabeza abajo pero me van a tener que permitir lavarme la cabeza pues me han tirado helado desde arriba” Las chicas se ríen y me lavo yo la cabeza, orejas y cuello en un bañitory que tienen y a Francesca las manos y los brazos hasta los codos. Sin reproches Silvia me ayuda y todos nuestros amigos se ríen tanto como yo.
Francesca vuelve a ir a caballito en mis hombros y yo sin el helado de ella y sin el mío que tenia más pinta que sabor.
La realidad es que no logre comer un buen helado en todas las vacaciones. En una parrilla un medio día pedí un palito helado y descubrí al leer el envoltorio que estaba comiendo un helado de crema con cobertura “símil” chocolate. Solo unos palitos de Conaprole satisfacían el gusto de este empedernido tomador de helados. Esos si que eran muy buenos.


Nuestros barcos fondeados en el muelle del Club Remeros de Mercedes. En la otra orilla su sede de playa con sus arenas.

(Continuará)

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"Los signos de agua son : escorpio, cancer, pisis y las tablas del piso de la cabina flotando" Regla 176 de Pepe Fuera de Borda
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